FALLECIÓ EL ARQUITECTO DE LA HELADERÍA COPPELIA, MARIO GIRONA
Poco después del triunfo de la Revolución, estimulado por Fidel y Celia, participó en el diseño del complejo turístico de Guamá, en la Ciénaga de Zapata. Otros destacados trabajos suyos fueron los hoteles Pasacaballo, en Cienfuegos, y Ancón, en el litoral trinitario. También dejó su impronta al frente de un gabinete de proyectos arquitectónicos que tuvo a su cargo la remodelación de la Terminal no. 1 y la concepción de la Terminal no. 3 del Aeropuerto Internacional José Martí. Girona fue reconocido con el Premio Nacional de Arquitectura. Hace varios días, el periodista Ciro Bianchi, del periódico Juventud Rebelde, publicaba en su columna un reportaje sobre la heladería, donde describe cómo el arquitecto acometió esta obra, por la cual es más conocido en todo el mundo: "Pronto pasó la confusión del arquitecto Mario Girona ante la obra que se le confiaba. Comprendió que era cosa de los tiempos nuevos y había que asumirla. Influido posiblemente por su exitoso proyecto anterior, el centro turístico Guamá, en la Ciénaga de Zapata, le bastó una semana para concebir el croquis de la heladería.
Mario Girona, uno de los más destacados arquitectos cubanos del siglo XX, falleció en La Habana a los 84 años. Natural de Manzanillo —hermano de Julio Girona, Premio Nacional de Artes Plásticas—, Mario legó al entorno urbano de la Isla varias de las obras más representativas de la modernidad, entre ellas el Coppelia (1966), en la céntrica Rampa habanera.


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La cienfueguera Cecilia Hernández García tiene ahora 49 años, aunque afirma que nació el pasado 8 de enero del 2008, fecha en que un equipo de especialistas del hospital Arnaldo Milián Castro, de Santa Clara, le realizó un trasplante de riñón.
El Hospital Clínico Quirúrgico Arnaldo Milián Castro, de Santa Clara, realizó hace pocas horas un primer trasplante de córnea, por lo que ahora integra el grupo de cuatro que en el país acometen el proceder, fuera de la capital cubana.
Cuba ha desarrollado en los últimos años una potente industria biotecnológica y farmacéutica, un verdadero logro de la Revolución, pues prácticamente era inexistente el Primero de Enero de 1959. En esa época los laboratorios norteamericanos abastecían la exigua demanda del país, pero el bloqueo estadounidense prohibió tales suministros y obligó a la Isla a ir creando una infraestructura para su creciente red hospitalaria y de salud, completamente a cargo del presupuesto del Estado.
Por ahora solo palabras y amenazas que van y vienen a través de canales diplomáticos y las agencias de prensa, unas más agresivas otras en tono de disuasion, haciendo trizas el criterio de muchos de que la guerra fría, y la caliente, son agua pasada en el molino de la historia. Los conflictos heredados del siglo pasado —Irak, Afganistán— distan mucho de apagarse, y poco a poco, se crea el escenario para las nuevas confrontaciones del siglo XXI.
Próximos al Día Mundial del Medio Ambiente (5 de junio), declarado así por la Organización de las Naciones Unidas desde 1972, con el objetivo de alertar a estados y gobiernos, a instituciones y personas sobre la agresión que el propio accionar del hombre ocasiona a nuestro planeta, les hablaré de EcoSur (
Hace ya algún tiempo, un amigo que recién estrenaba su PC, me pedía que le enseñara un poco de computación y lo adentrara en algún software para realizar algunas tareas de diseño gráfico y ganarse así la vida. Estaba pensando él en hacer diplomas, publicidad, montajes fotográficos, edición de vídeos para quince y bodas... todo muy de moda en Cuba en estos días —puede ser que también en otras partes del mundo—, y que reporta cuantiosos dividendos con un buen marketing de por medio.
Lejana en el tiempo para algunos, casi desconocida para otros, la imagen de aquel diseñador gráfico rodeado de reglas, cartabones, compases, centropens y lápices, diagramando en su buró sobre pautas de formato; o tipómetro en mano, corriendo de la redacción hasta los talleres de composición a revisar sus páginas —calculadas previamente para que ajustaran con la máxima precisión— convertidas en plomo y encuadradas por férreas ramas alineadas sobre mesas también de metal, ha pasado definitivamente a la historia.




