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A lomo de libro por la Feria

Feria del LibroPor Rayma Elena Hernández 

«Hacia Villa Clara es mi camino»    —dijo antes de comenzar su cabalgata a lomo de libro por el centro del país. Y desde el lunes, por aquí, andando anda la Feria.Así llegó a Santa Clara otras veces visitada, pero en algo distinta. El Tesoro de Papel fue a «esconderlo» en la Galería de Arte, para que los niños pudieran encontrarlo, entre música y fantasía. Y donde otros años los pequeños reinaron, esta vez una librería —si bien no nos libraba de la cola fuera— sí permitía una búsqueda un tanto más sosegada que la de los quioscos abrazados por tantos ávidos lectores.Olas hubo en la capital mediterránea: marea altísima en la mañana de este miércoles, cuando parecía que el parque era el gran patio común de todas las escuelas santaclareñas.

 Difícil cabalgar por entre la multitud que busca, encuentra; o no siempre alcanza y se va con la esperanza repetida por día de que a las 5:00 de la tarde —«sacarán de nuevo»— y podrá «encerrar» en su librero al Diablo ilustrado, o, finalmente, Soñar y cantar  con sus niños.«La verdad adelgaza y no quiebra, y siempre anda sobre la mentira como el aceite sobre el agua» —diría El Ingenioso Hidalgo, que en el lejano 1960 fue el primero en salir de la nueva imprenta revolucionaria, y en este 2007 salió al camino más cubano y montado sobre las décimas de Alexis Díaz Pimienta.Sucede que —contrario a lo que de sí mismo diría Sancho— este pueblo a fe mía que sí sabe leer. Y muchos libros no hacen horas en los estantes ni en las mesas; apenas unos minutos, y se agotaban.Aun así, con el Quijote y con Sancho, a lomo de mulo la Feria subió el Escambray. Nunca antes se le había visto por Mani­caragua. Pero trepó segura la ruta leída y releída por expertos montañeses, y con ella, Fidel llegó a las alturas de Villa Clara, donde en muchos hogares serranos serán perdurables las cien horas de su conversación con Ramonet.Aquí, en el llano santaclareño, no menos difícil resultó el «ascenso» hasta ese libro, que también tuvo su versión en tabloides; un buen y estético intento que algunos estimaron menos ante el deseo de tener —en formato de libro— el texto más vendido en La Cabaña haba­nera. En los lugares de venta, por momentos parecía que América en fila (cubanos y muchísimos estudiantes latinoamericanos) intentaba un encuentro de Cien horas con Fidel.Mientras, no solo se hacía camino en tierra. La Feria, que volvió a hacer puerto en el municipio de Sagua la Grande, atravesó el lago Hanabanilla en una embarcación que, del otro lado, descargó un «botín» digno de cualquier aventura naval por escribir.Han sido ya seis capítulos, y mañana caerá el séptimo, junto con las carpas y los quioscos. Aquí el libro sentó su campamento, donde, también, compartir con autores que —parafraseando al Hidalgo—bien los haya mil veces en cada Feria.  Así, a pesar de molinos —a veces gigantes verdaderos—, antes de seguir su camino hacia el Oriente, nos deja un mensaje: «Lector carísimo,VALE»

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