EL $$$ SHOW DE MARTA B.
Los miamenses, acostumbrados por sus megacanales de televisión a los shows, unas veces de Cristina y otras de Laura, se sentirán a sus anchas en estos días, con este que les llega, esta vez desde Cuba: EL SHOW DE MARTUCHA, en cuya producción intervinieron los órganos de la Seguridad del Estado y los periodistas de la Mesa Redonda del Canal Cubavisión, que han puesto al desnudo una vez más los nexos entre la contrarrevolución interna y la Oficina de Intereses de Estados Unidos en La Habana. Y, al igual que en los castings de telenovelas, donde no siempre el talento y el buen oficio de los actores deciden para la selección final, hace sus pininos en el show nada menos que Berengere Parmly, la hija del diplomático-mensajero, como para demostrar que la tarea de exportar el terrorismo a Cuba es un "asunto de familia", al estilo de mafiosos de la más rancia estirpe. Poderoso caballero es Don Dinero, parece ser el leit-motiv de este Show de Martucha y sus secuaces... a su son se mueven y ejecutan las órdenes del imperio. Pero más poderosas son las fuerzas del pueblo cubano, que ha puesto al desnudo los entresijos de la política imperial y sus nexos con la contrarrevolución interna. La caricatura de Pedro Méndez que precede este texto, así como el artículo que sigue, fueron publicados en la edición impresa del periódico Vanguardia de Villa Clara...
En los papeles estelares, la cabecilla Marta Beatriz Roque, descaracterizada por algunas muestras de su correspondencia como una auténtica pedigüeña inconforme con la remesa mensual; el jefe de la SINA en La Habana, Michael Parmly, muy alejado de sus obligaciones diplomáticas, y convertido en vulgar "mula", cargando desde Miami los dinero$$$ para sus asalariados; y el connotado terrorista
Por Norland Rosendo González
Martha Beatriz Roque perdió esta semana una de las mejores oportunidades de su vida para exponer ante la opinión pública cubana su proyecto para «democratizar el país».
Pero Martucha, como le dicen sus acólitos de Miami, no tenía en sus manos aún el guión que le redactan para hablar ante la prensa sus jefes de la Sección de Intereses de los Estados Unidos en La Habana (SINA).
Y sin guión, ni pensarlo. Cuando improvisa, imita demasiado a su presidente, W. Bush: una pifia tras otra, falacias y embustes, que siempre devienen show de mala factura, solo apto para los acéfalos de la mafia imperial.
Entre lunes y miércoles, la Mesa Redonda abordó los nexos financieros de Santiago Álvarez Fernández-Magriñat, un terrorista de marca XXL, con el escuálido grupo de mercenarios que viven aquí del negocio de la oposición, fabricada a imagen y semejanza de los sueños anexionistas de quienes en la Florida y Washington no comprenden todavía el mensaje de Fidel: «¡A Cuba no la tendrán jamás!»
Las pruebas, irrefutables y abundantes, no dejan margen a las dudas: llamadas telefónicas, correos, vídeos y sus propias declaraciones. Y como mulas en el trasiego de los fondos monetarios enviados desde Miami, actuaron funcionarios de la SINA, incluido Michael Parmly, el jefe de esa legación diplomática. Una violación flagrante de las normas y el derecho internacionales vigentes, y también de las leyes cubanas y norteamericanas.
Pero a la pobre Martucha no le alcanza la mesada mensual: una postal y cinco cartas (mil 500 dólares). En cada comunicación pide más, sin el menor recato. Son tantas sus necesidades como líder de un movimiento que crece solo en su febril cerebro, que quiere una avenida ancha por donde fluyan los dólares, y no le basta con el surco que abrieron los diplomáticos de la SINA entre Miami y La Habana.
Ella no ha leído ni un libro de Historia de Cuba. Cuando lo haga —si es que su apretada agenda de mercenaria al servicio de una potencia extranjera se lo permite—, comprenderá cómo se hace una Revolución verdadera. Cuántos sacrificios, penurias, ahorros para acopiar dinero limpio, que jamás comprometiera el futuro ni la libertad. Le sugiero que lea a Martí y Fidel.
La tía Mc Pato y sus secuaces tendrán que aprenderse otro guión (ojalá no se lo redacten en inglés) para intentar engañar a los cubanos, y más en estos momentos, cuando todo el mundo sabe que el financista de sus proyectos es «el Amigo» que vive del negocio de los sabotajes, el terrorismo y los intentos de magnicidio.
Ahora tendrán que mandar desde Miami postales, cartas y telegramas de condolencia para la pobre Martucha y su gente. Y de paso, envíen algunos para Washington, porque Jorgito el emperador y Condoleezza Rice, jefa de los diplomáticos de esa nación, no saben qué hacer ni qué contestar a la prensa sobre este escándalo.
Otra vez ha quedado demostrado el comportamiento cipayo de los supuestos opositores en Cuba, sus nexos con la mafia terrorista de Miami, las fuentes turbias de dinero para sufragar su empleo como apátridas, y para colmo, el ridículo papel que en este show les ha correspondido a los funcionarios de la SINA.
Fue tan duro el mazazo de la Mesa Redonda, que Martucha no pudo hablarle al pueblo, a través de los medios nacionales, de sus proyectos para una Cuba Libre. Se ha quedado sin proyectos, y no tenía en sus manos el guión que le escriben sus amos de los Estados Unidos, porque ella no es libre.
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