YAMIL DÍAZ GÓMEZ, OBSESIONES COMPARTIDAS
Yamil Díaz Gómez, poeta, investigador, periodista, editor... comparte su pasión por la literatura con el béisbol, y no sabe cuál sale ganando. Según una leyenda urbana que circula en las tertulias literarias santaclareñas —impulsada por el inefable fabulador camajuanense René Batista—, la fractura de su tobillo la ocasionó un espectacular salto desde las gradas al terreno al finalizar un dramático encuentro entre las novenas de Villa Clara e Industriales en el Sandino...
Y esto no me lo dijo él, sino que lo apreciamos todos cuando visitamos su hogar... Ismael y Mary ocupan un lugar principal en sus ocupaciones diarias, a un nivel igual o superior a la literatura y el béisbol... el primero, su hijo, con cuyo nombre quiso recordar al Ismaelillo de José Martí, de quien Yamil es un ferviente estudioso... la otra, su esposa, paciente y atenta asistente en su obra, y anfitriona de lujo en cada visita, en tertulias de amigos y en las periódicas reuniones del consejo de dirección de la revista Signos.
Así estoy presentando y dando entrada en mi blog a la entrevista concedida por Yamil Díaz Gómez a la periodista Laidi Fernández de Juan, del suplemento cultural El Tintero, del diario Juventud Rebelde... allí responde preguntas sobre sus proyectos, el lugar que ocupa José Martí y su natal Santa Clara en su ya abundante obra... en fin, los dejo con este diálogo entre periodistas...
En cualquier otro lugar, yo habría
sido cualquier otro escritor
Por Laidi Fernández de Juan.
El periodista, narrador, poeta y editor Yamil Díaz Gómez (Santa Clara, 1971), ganador de importantes premios literrios entre los que se destaca el del certamen Fundación de la Ciudad de Santa Clara —lo ha obtenido en cinco ocasiones—, es uno de nuestros más versátiles autores.
Ha publicado los poemarios Apuntes de Mambrú, El flautista en la cruz, Soldado desconocido, Fotógrafos en posguerra y La guerra queda lejos; los libros para niños En el buzón del jardín y Lluvia, así como varios volúmenes que forman parte de una pentalogía: Crónicas martianas, Los dioses verdaderos, Ese jardín perdido, Después del huracán y su libro más reciente, La calle de los oficios, que obtuvo el Premio Memoria convocado por la editorial Pablo, en el 2006.
Yamil es uno de los imprescindibles en el panorama cultural cubano actual, y, ciertamente, el anfitrión natural de la poesía santaclareña.
—Tu libro más reciente está integrado por varias entrevistas. ¿Significa que regresas a tu oficio de periodista?
—La verdad es que en 1994 me dieron el título de periodista, pero nunca he creído ni remotamente tener el "oficio de periodista". Soy un escritor que se vale lo mismo de los géneros "literarios" que de los "periodísticos" para intentar hacer literatura.
—¿Piensas continuar ampliando el horizonte de estas entrevistas; harás unas nuevas, o interrumpes ese trabajo para regresar a tu poesía?
—Por ahora no puedo pensar en esa "segunda parte" que tanto me han reclamado desde un intelectual de primera como Pedro Pablo Rodríguez, hasta algún coterráneo para quien La calle de los oficios es el tercer o cuarto libro que lee en toda su vida. Estoy metido de pies y manos en un "megaproyecto" que se desgajará en cuatro libros sobre José Martí y no me atrevo siquiera a pensar en otra cosa.
—Se ha dicho que tu obra está caracterizada por varias obsesiones. Entre estas, José Martí y los poetas cubanos...
—Estoy de acuerdo, siempre que acotemos que se trata de obsesiones presentes en lo publicado hasta aquí, porque no pienso pasar el resto de mi existencia escribiendo sobre lo mismo. También está la obsesión de la guerra, en mi trilogía poética, tema que espero haber abandonado para siempre. Y creo que al cerrar la pentalogía periodística que comenzó con la primera edición de Crónicas martianas y cierra precisamente con La calle de los oficios, les voy a dar algo de descanso a mi ciudad y al tema de los poetas cubanos.
—¿Vinculas el hecho de haber nacido y vivir en Santa Clara a tu incansable producción literaria, o crees que en cualquier otro lugar serías capaz de escribir con igual tesón?
—El mismo amor que he puesto al escribir sobre mi natal Santa Clara, lo puse al escribir sobre París, donde apenas estuve siete días. En cualquier otro lugar, yo habría sido cualquier otros escritor. Si he dedicado ¿tantas? páginas a Santa Clara será porque es aquí donde han transcurrido más horas de mi vida. Amo a su gente y su dinámica cultural, pero en sí a esta ciudad, como ente físico —sin mar y sin un sitio pisado por Martí— no le hallo encanto alguno.
—Quisiera, en honor a la amistad que nos une desde hace tantos años, hicieras unas confesiones. Se sabe de tu devoto, casi fanático, interés por el béisbol. ¿Realmente consideras que ese deporte se vincula de algún modo con tu particular manera de asumir la poesía, o son afinidades independientes?
—Mi inolvidable profesor en la Universidad de La Habana, Salvador Redonet (el Redo), decía que las partes del argumento se cumplen lo mismo en una novela que en una receta de cocina. Yo las veo también en un juego de béisbol. Así que en última instancia disfruto de un buen juego como de un buen texto narrativo: en ambos casos hay conflicto y hay clímax y hay ficción, pues esos falsos enemigos del terreno pudieran terminar juntos en un bar... Te juro, Laidi de mi alma, que si hubiese tenido la oportundiad de lanzar una final Villa Clara-Industriales y dar un juego perfecto en el Latino, jamás hubiese escrito media líinea.
TRES POEMAS DE YAMIL
CANCIÓN DE AMOR A BLANCANIEVES
Porque no tengo rostro no fue otra mi historia,
y ya no será otra que este hueco en el alma.
¿A quién puede importarle
que el espejo se mire en otro espejo,
disimulándole la soledad?
Yo – que no tengo rostro –,
yo
– que no tuve padres,
ni siquiera
la madrastra envidiosa de los cuentos –
vine a gritar tu belleza,
a comerme si puedo tu fruta envenenada,
y así al final de la leyenda serás feliz con otro.
Si me enseñaras a mentir,
si frente a mí sembraras un almendro,
y así mi rostro fuera un nido:
un sitio más donde tu luz se pose.
(Perdóname, princesa:
también las esperanzas se miran al espejo;
alguien me ha puesto dentro esta esperanza.)
Porque no tengo rostro no han venido a cerrarme los labios.
Pero, ¿quién va a cambiar mi historia?,
si el príncipe también acudirá a la cita,
si estoy tan solo que pudiera escucharse mi tristeza,
y a siete enanos les arde un arcoiris,
y tú no sabrás nunca
que cuando nadie crea en príncipes azules
quedará un solo espejo
donde siempre serás la más hermosa.
Yo, que no tengo rostro
y los pido prestados
para poder llorar.
MADRIGAL DEL VERDUGO
Es la primera tarde en que un verdugo
se ha visto a punto de no bajar la guillotina,
sólo porque tú estabas,
y a través de tus ojos vi un geranio
y a través de tus labios pedí misericordia
y a través de tus manos rocé la soledad.
Pero donde hay adolescentes tiene que haber verdugos,
aunque a través de tus ojos pase un barco
en que no viaja este suicida de a poco.
Este – quien mata en nombre de un honor
que no alumbra mi sopa
y no completa mi salario.
Ahora que todos gritan,
tened misericordia del verdugo.
Entre mi rostro y mi capucha
corrieron lágrimas amargas;
detrás de la capucha alguien masculla frases de amor,
palabras tontas.
Tú no entiendes.
Tú lloras a lo lejos.
Y a través de tus manos la textura del mundo es tan distinta.
Han cambiado los nombres de los héroes,
pero yo soy el mismo desde antes de la guerra.
Yo nunca tuve nombre,
sólo esta angustia con que me pregunto:
si yo corto cabezas,
¿con cuál cabeza pudiera imaginar que tus geranios florecieron?
Pero donde hay adolescentes tiene que haber verdugos.
Y ahora es el filo de la soledad
el que va cercenándonos por dentro,
porque la vida no va a empezar otra vez
aunque yo sea el primero en quitarme la capucha
esta primera tarde en que un verdugo
ha estado a punto de gritar: ¡TE AMO!
CRÓNICA DE CINE
Me gustan las películas donde ganan los malos.
El cine fue inventado para que los protagonistas
regresen vivos de todas las batallas;
pero sin malos no habrá batallas ni protagonistas.
De no existir los malos,
¿quién bajará al infierno por rescatar a una mujer?
De no existir los malos, ¿cuál pretexto
inventarán los buenos para sobrevivir?
Lo único eterno son los malos.
Los malos son los verdaderos héroes.
Sin amar a los malos no hay grandeza;
es demasiado fácil estar de acuerdo con la diva o el galán.
Me gustan las películas donde ganan los malos
porque nadie más malo que yo mismo.
Yo reparto boletos. Yo prendo el proyector.
Anuncio en cartelones las escenas del crimen o el rapto de la novia.
El cine fue inventado para pagar por que otros sufran.
Ahora cientos de malos vienen a mi taquilla,
lanzan al aire su moneda firme:
menos su propia maldad, todo lo apuestan por el héroe.
Ahora no existe nadie más malo que yo mismo.
Yo fijo el precio por mirar un falso porvenir.
Y abro la puerta.
El cine fue inventado para pagar por que otros sufran.
El cine fue inventado
para ponerle voz a la desgracia.
Tags: yamil+díaz+gómez literatura libros poesía
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