EL ROSTRO PÚBLICO DE LA VAGANCIA
Todas las mañanas, a eso de las siete, se le ve pasar por frente al Parque Vidal. Lleva en la mano un cubo y un pedazo de tela. Son sus herramientas de trabajo. Se dedica a lavar los autos parqueados a la orilla de la Biblioteca Provincial. Al lado, apretada bajo el brazo, va también la muleta que suple la pierna que le falta.
Aunque no esté sindicalizado ni pague un impuesto, lo respeto porque trabaja de sol a sol. A diferencia de otros, no se sienta en los portales a pedir dinero. Lo gana con el sudor de su frente.
Usted se puede detener a observarlo. Si voltea verá que, desde el Parque, mucha gente hace lo mismo. Están sentados en los bancos desde muy temprano. Durante todo el día no hacen más que mirar a los que pasan. La mayor parte tiene buenos brazos y piernas. Sin embargo, optan por esperar a ver qué cae del cielo.
Por Yandrey Lay Fabregat
Fuente: Periódico Vanguardia
La escena se repite en los parques, calles y tiendas del país. Ninguno puede decir que no posee condiciones para alguna faena. Solo que prefieren completar los beneficios de la seguridad social a costa del bolsillo ajeno. Muchos visten de manera humilde, pero en las tardes estrenan cadenas y crucifijos de oro. Alguno se ha construido una mansión a costa de la caridad pública.
Otros le pueden conseguir a usted cualquier cosa en un santiamén. Ofrecen jabones, cámaras de bicicleta, ropa a bajos o altos precios. Artículos provenientes de establecimientos públicos. Casualmente muchos de ellos se encuentran en «falta».
Las denominaciones a este tipo de personas cambian según la tipología del «oficio» que realizan. El Diccionario de la Lengua Española acuñó para ellos un término único: vagos. Agrupo ahí lo mismo al pedigüeño, al merolico, al acaparador. Todos los que viven del trabajo ajeno.
Su falta de ocupación les permite marcar de primeros en las colas y acopiar los productos más solicitados. Luego los venden a un precio mayor para extraerles ganancia. Se aprovechan de la escasez y del trabajo del prójimo. Pero también consumen la riqueza colectiva al parejo de todos. Hablo de los beneficios en la salud, la educación y la seguridad social, esos que usted paga con su esfuerzo diario.
Algunos los justifican y argumentan: «Ellos luchan para vivir mejor». Sin embargo, aquí la lucha toma un cariz distinto. La guerra va en contra de la vergüenza y la justicia. ¿Por qué la sociedad tiene que mantener a los que no contribuyen con nada y por el contrario son una herida en el bolsillo ajeno?
Aclaro, vago no es el viejito que vende aguacates en una bicicleta, sino aquel que especula con los bienes que otros delincuentes han sustraído al Estado. También aquellos que, con el favor de amistades, «resuelven» los artículos de más demanda y después los ofrecen a un precio «ligeramente» más alto.
Desde hace muchísimo tiempo, las sociedades han castigado la vagancia como delito capital. El código penal inca, por ejemplo, se basaba en tres principios fundamentales: ama sua, ama llulla, ama chaklla, que se pueden traducir al español como: no robar, no mentir y, por supuesto, no ser perezoso. A los ciegos y los cojos se les buscaban oficios que pudieran ejercer. Los ancianos ahuyentaban las aves de los sembrados.
Cierta negligencia institucional cubre las espaldas de la pereza. Alguien manipula a favor de ellos los horarios en que se hacen las rebajas de precios, o en que se venden los artículos más ansiados. En mi pueblo, como en otros, no resulta extraño ver una pipa de cerveza parqueada en la calle a las dos de la tarde. A mitad de la jornada laboral.
Hace unos meses hubo cierto movimiento destinado a erradicar este fenómeno. Se reunieron con la gente que no pudo confirmar un trabajo fijo. Los ociosos tuvieron la oportunidad de escoger entre dos o tres ofertas. Durante mucho tiempo desaparecieron los habituales del parque y la TRD. Sin embargo, el huracán pasó hace rato y las cosas volvieron a su lugar.
Ninguno de ellos malvive. Al contrario, tienen el tiempo suficiente para escoger el mejor lugar junto al fuego. Pregunte en los bares quiénes son los mayores consumidores de cerveza Bucanero. De seguro el dependiente le responderá: «Con el salario nadie puede pagar una botella a 24 pesos.»
El listo va en busca del dinero. Del dinero fácil. A veces resulta más fácil imitar los malos ejemplos. Por eso algunos jóvenes se preguntan cuál será la mejor opción laboral. Antes, según el ejemplo de los padres, uno elegía la profesión que quería aprender en el futuro.
Mucha gente, gente tonta, alaban el éxito del vago. Creen que es mejor que otros porque gana más con menos trabajo. La tendencia no deja de ser peligrosa. Ninguno de estos vagos es como Robin Hood.
Tags: vagancia trabajo Cuba Villa+Clara sociedad merolico especulación
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Hola, Jorge. Estoy visitando tu blog y me he detenido en este interesante artículo que no había leído. Sumamente interesante, sobre todo por sus primeros párrafos, que hacen innecesarios los comentarios que realiza más adelante el periodista.
Un abrazo, hermano
Hola Jorge,
Estuve leyendo tu sitio y me parece interesante, aunque debo avisarte que disentimos ideológicamente. En especial este articulo “El rostro publico de la Vagancia “me llamo la atención porque esta planteando un problema social creo que uno de los mas visibles y característicos de la sociedad cubana, a mi me hubiera gustado que la periodista, haya empezado planteando: porque esto ocurre?. Cual es la génesis de este fenómeno idiosincrático?
Esto lleva un estudio sociológico profundo que sin duda te va a dar resultados conocidos por todo el pueblo al menos por aquellos que realmente reflexionen libremente. Mira! Paisano, el problema surge a partir de ese invento llamado “El hombre nuevo” que destruyo los valores de la sociedad; y este invento tiene un autor intelectual “El sistema revolucionario” La revolución y su gran demagogo FIDEL Castro que de revolucionario no tiene nada ( involución )N potencia . El hombre nuevo tiene una alta dosis de individualismo, de "resolver" su drama personal, sin pensar en el destino del país, como nación. Creo que si los cubanos dejáramos de pensar individualmente, no el sálvese quien pueda individual y comenzáramos a pedir por nuestros derechos, esos derechos tan elementales como por ejemplo, el derecho a pensar a hablar a escribir, a desplazarse dentro de la isla,de progresar de acuerdo a tus esfuerzos personales , a tus meritos, si eso comenzara a pedirse de una forma masiva, no le quedaría al gobierno mas remedio que ceder, pero no es eso lo que estamos pasando, buscamos el “Resolver” o la emigración como solución al problema individual, y pocos se cuestionan el problema del país como tal. La revolución Cubana fue y es una utopia que solo genera miserias humas, muerte y destrucción.
Fui de los que opto por la emigración como solución, conocer la libertad, es un choque psicológico muy grande para el cubano cuando sale al exterior. Ser libre, tener albedrío propio es lo más HERMOSO Y PRECIADO se puede vivir, me gustaría que todo mis hermanos dentro de Cuba un dia no muy lejano puedan disfrutar de esa libertad , y entonces estoy seguro que los intereses y prioridades de la gente serian otras mas altruistas .